domingo, 28 de noviembre de 2010

Gracias por tu Palabra, Señor...!

SALMO 91:

A la sombra del Omnipotente: 

Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: Refugio mío, alcázar mío, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza.

Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con su plumas, bajo sus alas te refugiarás. Su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzará.

Tan solo abre tus ojos y verás la paga de los malvados, porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a su ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.

Te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra; caminarás sobré áspides y víboras, pisotearás leones y dragones; se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombré, me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré; lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación.

Amado hermano en Cristo y en María: ¿qué podemos temer teniendo a Dios como Padre?¿qué puede quedar afuera de su entrañable y misericordioso Amor paternal? Dejemos atrás toda teoría pesimista: en esta tierra... podemos vivir siempre a su sombra...! sólo es cuestión de querer...