viernes, 31 de diciembre de 2010

Un regalo para el alma... y para la vida...!

Queridos hermanitos y hermanitas: les regalo a continuación "el caminito" espiritual de una grande, Santa Teresita del Niño Jesús, resumido en su oración "Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso". ¿No puede ser este un buen "caminito" para vivir este 2011 que ya se viene? Un abrazo en Cristo, y que nuestro Eterno Padre Dios nos siga cuidando a la sombra de sus Alas...

Ofrenda de mí misma, como víctima de holocausto, al amor misericordioso de Dios.

¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas que están en la tierra y librar a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y alcanzar el puesto de gloria que me habéis preparado en vuestro reino. En una palabra, deseo ser santa, pero comprendo mi impotencia y os pido, ¡oh, Dios mío!, que seáis vos mismo mi santidad.
Puesto que me habéis amado, hasta darme a vuestro único Hijo como Salvador y como Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos; os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su Corazón ardiendo de Amor.
Os ofrezco también todos los méritos de los santos (los que están en el cielo y en la tierra), sus actos de amor y los de los Santos Ángeles; en fin, os ofrezco, ¡oh Trinidad Bienaventurada!, el amor y los méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; en sus manos pongo mi ofrenda, rogándola que os la presente. Su divino hijo, mi Amado esposo, en los días de su vida mortal, nos dijo: «Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os será concedido». Estoy, pues, segura que escucharéis mis deseos; lo sé, ¡oh, Dios mío!, cuanto más queréis dar, más hacéis desear. Siento en mi corazón deseos inmensos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. ¡Ah!, puedo recibir la sagrada comunión con tanta frecuencia como lo desee; pero, Señor, ¿no sois vos Todopoderoso?... Permaneced en mí, como en el sagrario, no os apartéis jamás de vuestra pequeña hostia...

Quisiera consolaros de la ingratitud de los malos y os suplico que me quitéis la libertad de ofenderos; si por debilidad, caigo alguna vez, que inmediatamente vuestra divina mirada purifique mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego, que transforma todas las cosas en si mismo...
Os doy gracias, ¡Dios mío!, por todos los favores que me habéis concedido, en particular por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. Os contemplaré con gozo el último día, cuando llevéis el cetro de la cruz. Y ya que os habéis dignado hacerme participar de esta preciosa cruz, espero parecerme a vos en el cielo y ver brillar sobre mi cuerpo glorificado las sagradas llagas de vuestra Pasión...

Después del exilio de la tierra, espero ir a gozar de vos en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el cielo, sólo quiero trabajar por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro Sagrado Corazón y salvar almas que os amen eternamente.
A la tarde de esta vida, me presentaré delante de vos con las manos vacías, pues no os pido, Señor, que tengáis en cuenta mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas ante vuestros ojos. Quiero, por tanto, revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir de vuestro amor la posesión eterna de vos mismo. No quiero otro trono y otra corona que a Vos, ¡oh Amado mío!

A vuestros ojos el tiempo no es nada, un solo día es como mil años; vos podéis, pues, prepararme en un instante, para presentarme ante vos...
Para vivir en un acto de perfecto amor, ME OFREZCO COMO VÍCTIMA DE HOLOCAUSTO A VUESTRO AMOR MISERICORDIOSO, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!
Que este martirio, después de prepararme para presentarme ante vos, me haga finalmente morir y que mi alma se lance sin tardanza en el abrazo eterno de vuestro amor misericordioso...
Quiero, ¡oh, Amado mío!, a cada latido de mi corazón, renovar esta ofrenda un número infinito de veces, hasta que las sombras se hayan desvanecido y pueda repetiros mi amor en un cara a cara eterno..."

MARÍA, FRANCISCA, TERESA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ, reí. carm. md.
Fiesta de la Santísima Trinidad, 9 de junio del año de gracia de 1895

domingo, 26 de diciembre de 2010

Cada día... una nueva aventura!

Hermanitos y hermanitas todos! una vez más caigo en la cuenta de lo maravillosa que es la vida...

"El hombre no nace para sufrir, sino para gozar;
el fin de nuestra vida no es la muerte, sino la vida" Alberto Hurtado.

Me debo rendir ante nuestro Padre Dios a cada instante, porque a medida que pasan las horas, sé que me está regalando un nuevo desafío, una nueva experiencia, una revancha más para seguir luchando. Les regalo una pequeña plegaria para poder juntos levantar la mirada hacia el Todopoderoso, y desde Él y con Él, seguir caminando por sus sendas:

"Dios de Amor, que todo lo contemplas y todo lo recreas con tu Santa Presencia: transforma estas horas de vida que se me presentan por delante, que son don y regalo de tu ilimitada bondad:
Si en mi corazón se instaló la soberbia, que con tu gracia se transforme en humildad, Señor.
Si el egoísmo me hizo caer, que sea tu amor generoso el que me haga levantar, Señor.
Si la tristeza no quiere dejarme, que la alegría de saberme Hijo sea hoy mi compañía, Señor.
¡Aquí estoy! dispuesto a todo... te entrego cada instante...
¡No abandones nunca la obra de tus manos!

Amén, Gloria y Alabanza a nuestro Dios de Amor.

¡Ánimo! y que Dios nos siga sosteniendo en la palma de su Mano...!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sólo hay que dejarse llevar...


Amado hermano y hermana en Cristo:

¡Qué hermoso es poder palpar en mi vida, la mano de un Padre Todopoderoso que me ama y no me deja ni a sol ni a sombra! Deseo que todo aquel que hoy se está encontrando con estas líneas, pueda experimentar de nuestro Padre Dios la misma protección.

Pero el lector me preguntará: ¿cuál es el método, cuál es el camino, enseñame cómo hiciste Juan José…? Tuve que pasar por muchas para llegar a esta conclusión tan sencilla pero tan onda a la vez: sólo hay que dejarse llevar…

Cuando sientas que lo "vibrante" del mundo ya no te llena…
Cuando te des cuenta que en muchas cosas perdiste el tiempo…
Cuando todo te parezca deficiencia…
Cuando la conciencia te pregunte muy por lo bajo: “¿qué estás haciendo con tu vida?”.
Cuando sólo Jesús te quede en pie…


Es hora de salir… ¡Hay qué dejarse llevar!

“quién me ve a mí, ve al Padre…” acá te entrego mi vida Jesús, no son más que cinco panes y dos pezcados…

“…Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”. (Mt. 14, 21).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Gracias por tu Palabra, Señor...!

SALMO 91:

A la sombra del Omnipotente: 

Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: Refugio mío, alcázar mío, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza.

Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con su plumas, bajo sus alas te refugiarás. Su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzará.

Tan solo abre tus ojos y verás la paga de los malvados, porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a su ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.

Te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra; caminarás sobré áspides y víboras, pisotearás leones y dragones; se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombré, me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré; lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación.

Amado hermano en Cristo y en María: ¿qué podemos temer teniendo a Dios como Padre?¿qué puede quedar afuera de su entrañable y misericordioso Amor paternal? Dejemos atrás toda teoría pesimista: en esta tierra... podemos vivir siempre a su sombra...! sólo es cuestión de querer...